Cuando miro lo que dejé atrás, lo que tengo pero no puedo alcanzar, veo una enorme tristeza en el fondo de este mal, una tan pura que no hay nubes, solo un simple matiz, que se tornasola siempre en un frívolo color gris. No hay escalas, ni secuelas, solo hay una pena que se alimenta de recuerdos, recuerdos que hoy no se podrían revivir, pero que siguen tan presentes como la primera vez. Ya no existe pasado que pueda imaginar sin sentir el vacío que me pueda originar. Una pieza que se va, que se fue, y se ha reemplazado por otra, pero la misma jamás podrá encajar de la manera perfecta, como la primera lo había hecho. Es un nudo que no se puede desatar, una atadura hacia el tiempo que no puedo dejar atrás. Tiran los minutos, los segundos que transcurren, y el mismo tiempo, me incita a que me apresure. Un extremo y el otro, no hay punto de equilibrio, un encuentro con los números, que me llevan y me traen. Fechas que recuerdo y que aún no hay llegado, momentos como cuentos, cuyo final no hay terminado, estrategias clandestinas para volver a vivir dicha situación, pero siempre pierdo la partido, pierde siempre el corazón. Me lleva una fuerza invisible, me trae con debilidad la realidad. Siempre intento lo imposible, hago lo que nadie haría, invento sentimientos que no existen, bajo la luna, mi única compañía. Pero a pesar de ser tan necio con la idea de volver, traigo a mi mente la imagen del presente, comparo ambas caras de la vida, y creo que he progresado, y al mismo tiempo, no hay resignación para un pasado tan pasado.
El tiempo corre, camina la irrealidad, se tropieza el presente, y cae nuevamente en el juego de azar. Trotando van los días, apuntados por los minutos, quieren llegar a esa fecha, que hace un año era mi mundo. Un mundo inhabitable hoy en día, que ha perdido toda la magia y la energía. Pero así es, sin más, un destino que se quiere escapar, pero el tiempo corre en contra, tratando de retroceder, y la tristeza se tambalea entre el debe y el haber.
Quiero y no debo, debo y no quiero, cuestionamientos que acrecientan su sed, un mismo juego, distintas reglas, y el tiempo, nunca se va a detener.
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