20 nov 2011

El Abrazo: Fruto De La Unión

Sentir el cuerpo con el cuerpo, un calor que nace de repente y transpirar cariño por los poros, echar a la basura el costado indiferente. Un abrazo puede ser la cura para enfermedades letales para el corazón, la mejor cirugía que analiza por fuera y por dentro nuestros sentimientos. Mientras el roce de nuestra piel haga contacto se abrirá paso a esa parte escondida, que no hubiera encontrado salida, si no fuera por amor. Tener en carne propia el pesar de las angustias, compartirlas mutuamente es el afán de ese actuar. Querer sinceramente lo hace original, pero sí de farsas se trata, el calor se desvanece y se transita por una fría soledad.

Abrazar de mil formas, no cambia el mensaje, solo hace fuerte las ganas de transmitirlo. Hay muchas maneras de crear el vínculo, infinitas formas de demostrar cariño, pero ninguna como el abrazo. Es sentir que hay dos personas dentro de uno mismo, sentir como dos corazones laten a la par de uno solo. Es crear una extensión de tu propio cuerpo, pero en otro lugar físico. Dar un abrazo es querer tatuarte en la piel las emociones, sentimientos, alegrías, tristezas, etc. que la otra persona comparte contigo.

Abrazar es más que entrelazar brazos, es pintarse a la medida de otro ser, y encajar justo en su lugar. Ponerse en frente del dolor, y regular esa intensidad con que el mismo fluye. Frenar las ansias de perecer, e intentar crecer de a poco, pero con dos almas que se encuentran unidas mediante un lazo que no cualquiera puede romper.

Un abrazo crece con el tiempo, al principio la timidez domina, luego con el paso de los días y los años, el abrazo domina a la timidez. Es creer que sos dueño de dos estrellas habitables, que se juntan para formar una constelación duradera. Abrazar es querer nacer en la otra persona, sin morir en tu cuerpo. Es mentirle a la naturaleza y hacerle creer que dos, si realmente pueden formar uno.

Un abrazo es la certeza de que una delgada hilera de olvidos, pueden formar un batallón de recuerdos. El abrazo es mágico, espero entonces, que nunca desaparezca.

Mujeres

Mujeres, tan hermosas, por cualquier lado por donde se la mire. Unas musas que tienen forma de sol y de luna al mismo tiempo. Aquellas que estremecen la piel de quien se fije en sus ojos. Mujeres, capaces de hacer lo que nadie, hacen sentir que el frio es calor, y que el perderse es encontrarse en sus brazos. Mujeres, esas que no se cansan de luchar, aun cuando todo lo malo caiga sobre ellas. Las más lindas, las más bellas, las que no pueden respirar sin hacer notar su don inmaculado de mujer. Las mismas sin maquillaje o con él, no importa, la escencia es la misma, intacta a la noche y a la mañana. Son aves con más de tres alas, son fuego aunque la más mínima de las luces esté apagada. Vida que se renueva, pasiones que no mueren. Mujeres, mil emociones y una mirada que lo puede todo. Mujeres, el brillo que se haya en el fondo del camino, y a su vez vuelve translucido lo que siempre fue opaco. Las estrellas con filo que nos retan y cuidan, las que se celan por cualquier palabra o beso que sea ajeno a los suyos. Las amo tal como son, porque así son, y no de otra forma. Por crear un mundo de especulaciones, por retratar en mi su paz y calma, su histeria y nervios. Mujeres, el don de lo absurdo queda en otro entorno, porque su magia puede crear cualquier controversia, y con una simple palabra, apagan el ruido y el desorden, y le pintan el fin al caos. Las que siempre sueño, aun estando despierto, ya que su perfume nunca se volará como lo hace el viento. Su cara tan particular, sus gestos y ojeras, todo es admirable, cuando viene de ustedes, mujeres.

16 nov 2011

Puente

Hay que cruzar esa rendija del mundo, un precipicio profundo cuya salida es el valor de avanzar ante el dolor que nos causan los recuerdos. Un puente tallado a mano, con cada pensamiento y momento vivido, no hay que cederle la rienda al olvido, pero tampoco alimentar el fuego de los recuerdos. Un puente que nos incita a soñar, pero que nos desilusiona con sus trabas constantes. Un puente rígido y que al mismo tiempo se desmorona. No podemos ni debemos dejar pasar el tiempo sin intentar cruzar ese camino, tratar a la vida como un cuento, cuyo final se encuentra perdido. El puente siempre está, nosotros cargamos con las falencias, errores precedidos de otros errores y sucedidos por otros peores. No importa, no interesa cuántos, ni cuáles, siempre interesa el esfuerzo por superarlos, las ganas de vencerlos, y la destreza para no volver a cometerlos. Poco posible sin voluntad, imposible sin la fuerza que debemos portar.
Un puente arrinconado en los valles de la desazón, en las tormentas de la injuria, y pese a los malos augurios de pensamientos escasamente promiscuos, cuyo centro de atención es el “temor a”, siempre se puede cruzar si la lucha se desenlaza entra ideas positivas, pensando en el afán de triunfar, abandonando la idea del fracaso que muchos tienen en estos tiempos modernos.
Un puente sublime ante las gotas de rocío que se pueden deslizar entre los pastizales que se vuelven más verdes, y que hacen de un puente oscuro, opaco y lleno de truenos, en un horizonte que florece cada día, y cuyo otoño se vuelve eterno en llegar y es prácticamente inexistente.
El puente está presente, siempre se queda ahí, la razón de nuestros miedos no se pueden extinguir, pero siempre vamos creciendo, si los intentamos combatir.

14 nov 2011

La Terquedad

No admitimos, no nos animamos, pero siempre, sabemos que lo pensamos. No nos da la cara para decirlo, pero en nuestra mente se dibuja a la perfección el contorno del remordimiento. Somos y seremos, incapaces de jugar a un juego cuyas reglas no podemos cambiar. Nos escondemos tras las normas de lo correcto y seguimos discutiendo lo que se ha quedado sin argumentos. Pero… ¿Por qué lo hacemos? ¿Por qué pensamos y no actuamos? Para esas preguntas y dudas que surgen de a momentos, hay una respuesta: el miedo a cometer un error, que siempre va a ser un error. Siempre hablamos de más, intentamos escabullirnos en palabras que no existen, mientras las miradas acusadores delatan nuestras intenciones. Ojos de pánico al descubrir que no estamos seguros de lo que decimos, que no podemos sostener ese sentido que le damos a todo lo que conlleve, la terquedad.

Caminamos al llano de un camino que se encorva, sobre la circunferencia de una línea recta. Nos adentramos en un mundo inhabitable, y habitamos un cielo sin estrellas. Tercos a la hora de llorar, a la hora de reír, tercos y sin aceptar, que el otro también tiene derecho a ser feliz. No pensamos en la aceptación, siempre prejuzgamos aquella intención que no es lo que parece, y siempre parece no ser nada más que un fantasma tratando de orbitar esa queja que divaga, por donde nadie puede divagar.

Tercos, persistentes en el “no ceder”, incoherentes al no ver que todos tienen que dar de sí, al menos un acto escaso, pero siempre ese acto debe decir presente. No reconocemos, ni damos la opción de reconocer, creemos que sabemos, pero seguimos sin crecer.

Actitud nativa de la vida, con afanes de cambiar. No volver a los orígenes, y de una vez, enterrar a la terquedad.

11 nov 2011

Las Penas, Dudas & Certezas

Tantas dudas aguerridas en un puente de dolor, donde la esperanza nace y muere, donde la lucha es la única vocación. Miles de tormentas que se quejan con sus truenos, y miradas que asechan a lo lejos, reclamando ese cariño que no llega prontamente pero está cerca de este puente. Cuando dudo miro y pienso, analizo por qué no… y me doy cuenta de que la realidad es una nube sin solución, que flota inerte en aquellos pensamientos que descubrí un día, y sigo descubriendo junto a la razón. Fijamente trato y trato, de concentrar ésta mirada en los puntos más exactos, lo logro con desdén, no lo logro con satisfacción, pero queda siempre ese consuelo que se llama proliferación. Mis energías se traducen en ganas de luchar, y la lucha es traducida en las garras de ganar. Se pierde en las dudas, se gana en la seguridad, pero no hay duda mejor ganada que la que se trata de avanzar. Dudas, certezas, miedos y fortalezas, y las vidas que uno pierde son afines a morir. Siempre bailan al son de los testamentos que dejan las huellas por las que pasaron ya los argumentos, aquellos que no se mueren mientras reine la firme convicción de las palabras cuyo filo son adictos al sigilo, que perturba en la verdad. Tengo cuentas pendientes con la sinceridad, creo que le debo el tiempo, ya que siempre me miento, cuando pienso que estoy bien. Pagaré esa deuda, cuando el tiempo así lo quiera, cuando el viento arrastre consigo las penas esas penas que no tienen final. Muerte al dolor, vida a la vida… la suerte ya tomó una decisión, y es que la felicidad viene de lo pequeño, y la muerte de las penas las decidirá su dueño.