7 jul 2011

Un Alma Sentenciada

Tantos caminos por tomar, tantas rutas que seguir, pero la incertidumbre nos domina, sin dejarnos elegir. No se puede tapar el sol con un dedo, ni se puede quebrar la luna con un golpe, no se puede mentir siendo sincero, ni se puede ver la lluvia de entonces.
Hay un alma sentenciada, queriendo escapar de ese infierno que la condena, no puede, no debe, porque su destino está marcado. Un alma que tomó ya una decisión, y en donde la marcha atrás no es una opción. Viaja y viaja, quedando en el mismo lugar, el tiempo avanza y se detiene, pero nada cambia, todo se mantiene. Hay lugares por explorar, personas por conocer, pero algo en su interior no la deja retroceder. Un alma sentenciada que ha dejado su huella imborrable, que ha dejado su marca intachable, que ha plantado bandera en esta vida. Un alma que se encuentra perdida, y por fin sin vida, ve su delirio al nacer. Un alma que calla y que habla, que corre y camina, un alma que sopla y respira, pero que siempre queda, en el mismo lugar. Las horas se van volando y los segundos duran días, todo es contradictorio acá. La brisa acelera su paso, el sol nace en el ocaso, y la noche pierde las estrellas. Los mares ya no tienen aguas, las sombras son rostros sin caras, y las plantas ya no tienen hojas. Los cuervos ya no tienen alas, la vida ya no vale nada, y la lluvia ya no moja más. Un alma sentenciada que ve partir a su amor y logra enamorarse de la ausencia. Un alma que ha marcado tendencia, en la llanura que emerge en esta soledad. Se ha sentenciado a mil años sufriendo, por ya no tener esa luz titilante, que se ha ido en un instante sin rumbo y sin fe.
Un alma sentenciada que busca la magia en un fruto ya muerto. Un alma que quiere, que busca y no puede, abrir la verdad. Ya todo saldrá a la vista, siguiendo las pistas, de la obviedad.
Maldigo la hora que has elegido llegar a mi vida, sin ti era un alma, con llanto y sonrisa, pero con sombra y querer. Hoy es infierno, y todo está gris. Contigo y sin ti, la vida es invierno, un corazón frío que ya no tiene matiz. Un lado oscuro, un ángulo agudo que ha dejado su sitio para ya no volver. El despecho que acarrea esta alma no tiene motivos para seguir en pie. Miradas profundas, dignidad que inunda, desborda y quiebra un mundo al revés. Una bala en el pecho que ha dejado un hueco lleno de sed. El eco se escucha por todos los techos que ya no tienen sostén.
Un alma sentenciada que vive y que muere pero siempre intacta a las amenazas de la destrucción. Ha perdido la guerra y batalla, pelea y duelo que un día ha debido ganar. Un alma que sigue, sea donde sea, pero que siempre estará. No importa dónde, ni cómo, ni cuando, pero acá yace un alma, que sentenciada está.

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